Dos factores determinan, a menudo sin hacerse notar, si una línea mantiene sus resultados: la temperatura del baño y la calidad del agua de enjuague. Ambos varían y requieren control.
Los ultrasonidos y las resistencias de inmersión aportan calor continuamente. A partir de cierta temperatura, el detergente deja de actuar como estaba previsto y cambia el comportamiento de la cavitación. Un enfriador industrial dimensionado según el volumen del tanque y las horas reales de funcionamiento diario mantiene el baño dentro del intervalo previsto para la química utilizada, evitando que la temperatura suba durante el turno.
En el enjuague, el agua de red deja manchas minerales y residuos al secarse la pieza, precisamente en los componentes de precisión que motivaron la limpieza. Los equipos de ósmosis inversa y EDI suministran agua de baja conductividad para el enjuague final y se dimensionan según el consumo real de la línea.
Ambos equipos se especifican a partir del proceso: el volumen del tanque, el tiempo de ciclo y el consumo de enjuague determinan su capacidad.